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 Escrito 107 - INFANCIA Y FE VIVIENTE DE JESÚS

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Jeannie Vázquez
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MensajeTema: Escrito 107 - INFANCIA Y FE VIVIENTE DE JESÚS   Sáb 18 Oct 2014, 14:03

DE: JAIME DÍAZ PAGE
AGOSTO 2014
ESCRITO 107
 
INFANCIA Y  FE VIVIENTE DE JESÚS

 
 
Amados hermanos y hermanas, amigos todos, el dia de hoy conmemoramos el nacimiento de nuestro Padre  Creador Cristo Miguel en Urantia, con mucho amor y gratitud a él por su magna obra de amor e iluminación para toda la humanidad, que como Jesús de Nazaret se convirtió en el camino viviente para que todo el que lo desee, pueda recorrerlo con él, haciendo la voluntad del Padre, así como él lo hizo y triunfó. En la vida que él vivió y cómo él la vivió podemos encontrar la fuerza y la inspiración para elevarnos con él y nuestro espíritu residente, desde el nivel de la conciencia humana hasta el nivel de la conciencia divina para nuestro beneplácito y regocijo, para mayor gloria de nuestro Altísimo Padre Universal que mora en el Paraíso.
 
Hoy recordaremos algunas realidades de su infancia, así como algunas realidades de la fe que él estructuró y vivió al asociarse de manera ininterrumpida con su Padre divino, durante su vida humana en la que Cristo Miguel-Jesús reveló majestuosamente al Padre Universal, causa-origen de todas las cosas y de todos los seres. Este trabajo lo realizamos para recordar, honrar y glorificar a nuestro amadísimo Padre Creador Cristo Miguel que se llamó en Urantia (la Tierra) Jesús.
 
 Gracias a la Revelación de “El Libro de Urantia” sabemos que nuestro amado Padre Creador Cristo Miguel, nació en Belén, Palestina, al medio día del 21 de agosto del año 7 a. de J.C. Naciendo de la misma manera en que nacen todos los niños que vienen a este mundo. Él fue circuncidado al octavo día de su nacimiento y recibió el nombre de Josué que significa  Jesús. 1351:5.
 
En aquel medio día los serafines de Urantia cantaron himnos de gloria por encima del pesebre de Belén; las expresiones de alabanzas no fueron escuchadas por  seres humanos. 1352:1.
 
En aquellos días Isabel  prima de María y su esposo Zacarías se encontraban en Jerusalén. Ellos recibieron el aviso de María de que su hijo había nacido. Los sacerdotes de Ur que buscaban a “la luz de la vida” que nacería como un niño, se encontraron con Zacarías, y él los envió a Belén donde encontraron al niño y le entregaron regalos en las manos de María. El niño tenía casi  tres semanas de nacido en el momento de la visita de los sacerdotes. 1352:2.
En los primeros años de la infancia de Jesús, María vigiló constantemente a Jesús para evitar que  le ocurriera algo que interfiriera en su futura misión en la tierra. 1355:2.
 
El niño Jesús seguía creciendo y gozando de buena salud, pero José y María no sabían qué hacer con la forma en que Jesús rezaba, porque Jesús insistía en dirigirse a su Padre celestial como si estuviera hablando a José, su padre terrenal. Desde los 6 años de edad, Jesús ya buscaba relacionarse con su Padre celestial, pues cuando terminaba sus oraciones como le habían enseñado, él insistía en tener “una pequeña charla con mi Padre que está en el cielo”. La llegada de su Espíritu Ajustador el 11  de febrero del  año 2 a. De J.C., antes de cumplir los seis años  de edad, fue un acontecimiento muy importante para el nacimiento, crecimiento y estructuración final de la fe viviente de Jesús. La custodia de Jesús se encomendó a su espíritu Ajustador y a los serafines asociados, auxiliados por el ministerio de las criaturas medianas.
A los 10 años, Jesús comenzó a tener una revelación que crecía en su conciencia humana sobre la naturaleza de su personalidad y su  misión en la tierra. A los 11 años, Jesús ya tenía frecuentes períodos de meditación y seria contemplación. Jesús concibió que su misión no sería únicamente para mejorar al pueblo Judío. Desde niño iba adquiriendo la certeza de que estaba destinado a una misión para iluminar a la humanidad; en su mente ya estaba formando decisiones y planes importantes. 1360:1; 1368:3; 1357:5;1371:3; 1373:3.
Para José y María fue muy difícil criar a Jesús, pues él tenía una combinación sin precedentes de divinidad y humanidad; pero a pesar de esta situación ellos cumplieron fielmente y con éxito sus deberes paternos. Al transcurrir el tiempo, José y María iban comprendiendo cada vez más que dentro de su hijo residía algo sobrehumano. José y María nunca se imaginaron que su hijo Jesús, era el Creador de este universo, cosas y seres. Los Padres de Jesús vivieron y murieron sin saber en realidad  que Jesús era el Creador de este universo, encarnado en forma humana. 1372:1.
 En la noche del 8 de abril antes de la Pascua, a los 12 años de edad, un mensajero especial de Salvington que es la capital  del universo local, enviado por su hermano  Emanuel, se le apareció y le dijo: Ha llegado la hora. Ya es tiempo de que comiences a ocuparte de los asuntos de tu Padre. Jesús debía reasumir las responsabilidades de su universo.  1376:1.
 
Cuando Jesús alcanzó la adolescencia ya realizaba una gran comunicación con su Espíritu interior, con su Ajustador del Pensamiento; así, comenzó a tomar conciencia de su divinidad y de su destino. La fe que estaba creciendo en Jesús era enaltecida, confiaba en su Padre Celestial como un niño confía en su padre terrenal. 1386:1.
 En la infancia y la adolescencia de Jesús, las experiencias espirituales con  su Espíritu interior y el comunicado que le trajo el mensajero celestial, fijaron en Jesús los cimientos de una fe experiencial progresiva, que cuando llegó a su vida adulta se había transformado en una fe dinámica, viviente, sublime y extremadamente robusta. Esta fe de Jesús surgía de la comunión directa con su Padre, con su Espíritu Ajustador que residía en su mente humana, su fe era personal, original, espontánea y puramente espiritual. 2087:5, 2087:1.
Así, la conciencia de la divinidad en Jesús fue creciendo en su mente  gradualmente hasta el momento de su bautismo en el rio Jordán; cuando Jesús bajó al río Jordán para que lo bautizara Juan, era un hombre que había alcanzado la meta de la ascensión evolutiva humana en cuanto a la conquista de su mente humana y la identificación de su yo humano con su espíritu interior, con su Ajustador del Pensamiento; una sincronización y coordinación perfecta se había establecido entre la mente de Jesús y su Ajustador espiritual residente. 1787:3; 1511:1.
 
 La fe de nuestro Maestro Jesús no era intelectual, no era una mera creencia espiritual; su fe era más que una reflexión intelectual. La fe que Jesús forjó en su vida humana, era una fe sublime, dinámica y viviente, que fué creciendo desde que era niño hasta que se convirtió en adulto.  2087:4,5.
 Su fe era tan fuerte que destruía las dudas espirituales y los deseos contradictorios que surgían en él: Recordemos que Jesús era un ser humano que estaba experimentando los altibajos de la existencia humana, era un hombre como todos. Como dijimos anteriormente, la fe de Jesús no era una mera creencia espiritual, era más bien una “experiencia sublime y una convicción profunda en su contacto viviente con Dios, con su Padre que vivía en su mente humana”. Este contacto real interior de fe viviente con su Padre, le daba una total seguridad en su anclaje espiritual  con el Padre divino. 2088:1, 2087:1, 2087:5.
La fe de Jesús ante la presencia de su Padre divino, le permitía permanecer tranquilo ante cualquier dificultad y vicisitud de la vida humana y temporal; Jesús confiaba plenamente en la guía de su Padre divino. 2089:2, 2087:1.
 Mediante la plena fe que Jesús tenía en su Padre,  unificó formidablemente su personalidad humana y su naturaleza divina. Por la fe sublime que tenía en su Padre y la perseverante comunión con él, llegó a visualizar que “los valores espirituales se encuentran en el reino de Dios”, y es por esta razón que enseñaba “que buscáramos primero el reino del cielo”.  Cuando Jesús se refería a este reino, significaba la presencia del espíritu de Dios dentro de cada uno de nosotros; pues Dios vive también en el interior de nuestra mente, así como residía en Jesús. La parte central de la oración que enseñaba a sus discípulos era: “Que venga tu reino;  que tu  voluntad se haga”. 2088:3.
 Mediante su fe, Jesús dominaba sus pensamientos, sus sentimientos, sus creencias, su oración, su enseñanza y su predicación. 2088:5
La fe en su Padre era tan grande que llegó “al olvido de sí mismo” y esto permitió que el Padre se manifestara en Jesús, revelándose a los hombres de aquella época. 2088:5.
Nuestro Maestro Jesús concibió por la fe que “el reino de Dios” incluía “la voluntad de Dios”, entonces al haber concebido esto, Jesús se dedicó a hacerlo realidad con un asombroso olvido de sí mismo, viviendo su vida con un entusiasmo ilimitado. Jesús dedicó su voluntad personal a hacer la voluntad de su Padre que está en el cielo, de esta manera, Jesús entregó a Dios la más grande ofrenda cuando se consagró a él de esta forma. 2088:4, 2088:6.
 Jesús dedicó su vida a mantener una fe viviente en Dios, mediante la sublime experiencia religiosa en la que su alma comulgaba con el Espíritu de su Padre, su Ajustador del Pensamiento. La sublime experiencia religiosa de Jesús produjo en él los frutos del espiritu que mostró a la humanidad, con tanto amor y realidad, que muchas personas se conmovieron y se maravillaron al conocerlo y al escuchar sus enseñanzas iluminadoras. 2088:5, 2089:2.
 La religión fue en la vida de Jesús una experiencia viviente, un movimiento directo y personal, desde la veneración y/o adoración, hasta la práctica de la  rectitud. Jesús confiaba en su Padre divino así como un niño confía en su Padre humano. Jesús combino la valentía fiel e inteligente de un adulto, con el sincero y confiado optimismo de un niño que cree. 2089:1.
 La fe de Jesús creció a  elevados niveles de confianza, era tan robusta que no tenía miedo o temor alguno. Esta fe lo condujo a realizar lo siguiente: 1 A tomar decisiones firmes y valientes; 2  A enfrentar de manera intrépida las decepciones; 3 a superar grandes dificultades y 4 A enfrentar las duras exigencias del deber, sin vacilar, sin dudar. 2089:1, 2090:1.
 Jesús fue un hombre religioso que consiguió por la fe en su Padre divino: conocer la voluntad de Dios y  hacer la voluntad de Dios. Jesús fue el hombre más religioso que ha vivido en la tierra. 2090:2.
 
 La exaltación natural espiritual que surgía en el alma de Jesús se debía a tres cosas: “a su experiencia personal con Dios”, “a la conciencia de la presencia de Dios”, y a “la oración inteligente y la adoración sincera en comunión ininterrumpida con su Padre”. Esto le daba a Jesús una fuerte voluntad y una confianza constante  que revelaba “lo que Jesús creía” y “cómo él lo creía”; este es el pleno significado de su único requisito supremo: siganme. En su vida terrenal, Jesús se dedicó a un sólo propósito: a hacer la voluntad del Padre, viviendo su vida humana religiosamente y por la fe.  Este párrafo nos muestra en qué radicaba el secreto del éxito de la vida religiosa de Jesús. 2088:2; 2090:1; 2089:3; 2089:1.
 Seguir a Jesús: es que cada uno de nosotros compartamos de manera personal  su fe religiosa, entrando en el espíritu de la  vida del Maestro, en servicio altruista a los hombres. Es importante que  averigüemos de manera personal, mediante nuestra experiencia religiosa espiritual, lo que Jesús creía, que descubramos sus ideales y nos esforcemos en nuestra vida religiosa por alcanzar la elevada meta espiritual de su vida. El conocimiento humano de mayor valor es que conozcamos la vida religiosa de Jesús y cómo él la vivió; este conocimiento de gran valor podemos obtenerlo mediante nuestra propia experiencia religiosa de la comunión con Dios, así como Jesús lo hizo. El esfuerzo propio genera resultados espirituales sorprendentes. 2090:4.
 
 El crecimiento espiritual y religioso de Jesús se inició desde su conciencia humana impulsada por la fe en su Padre,  logrando altos niveles de  espiritualidad y la certeza de la íntima relación con su Padre que está en el cielo. 2092:11.
 
  Tres revelaciónes personales hizo Jesús al mundo: 1 Reveló a su Padre Celestial;  2 Reveló su amor por todos los seres humanos; 3 Reveló y ejemplificó una religión de amor: la seguridad en el amor del Padre, compartiendo este amor con regocijo y satisfacción en servicio a la hermandad humana. Jesús descubrió para todos los mundos de la galaxia una religión nueva y superior, basada en las relaciones personales espirituales con el Padre Universal, validada por la autoridad suprema de la experiencia espiritual personal auténtica del creyente. Esta religión nueva y superior la puede validar y confirmar todo ser humano al hacer la voluntad de Dios, en la que busca, encuentra y comulga con Dios.  2097:1; 2087:4; 2095:3.
 Esta experiencia personal auténtica, era la experiencia de contacto real y la  comunión del alma y mente de Jesús con la presencia real de su Padre Universal que moraba dentro de él. Esta experiencia fue de amor y fe incondicional. Jesús adoraba a su Padre en la intimidad espiritual y recibía de él toda la fuerza, el amor, la sabiduría, el poder y la inspiración para llevar a cabo su misión divina de construir el reino de Dios en el corazón de todos los hombres. Jesús desea que compartamos su fe viviente y trascendente. Jesús nos invita a que “creamos con él”, a que creamos como “él creía” en su Padre y en su amor; que aceptemos con plena confianza que somos “sus hijos”. 2089:4
 En el gigantezco intelecto de Jesús de un  adulto pleno, reinaba suprema la fe de un niño en todos los asuntos relacionados con la conciencia religiosa. Pues cierta vez dijo Jesús: Si no os volvéis como niños, no entraréis al reino de Dios. Aunque la fe de Jesús era semejante a la de un niño, no era, en ningún sentido infantil. 2089:2.
 Jesús desea que vivamos nuestra vida religiosa personal, en unión con nuestro Padre Celestial y con Jesús mismo, a través de su Espíritu de la Verdad; pues Jesús dijo una vez: “Nadie va hacia el Padre si no es a través de mí. Todos los que encuentran al Padre, primero me encuentran a mí” 1947:7.
 La vida de Jesús fue de oración plena consagrada a hacer la voluntad del  Padre y terminó su vida triunfalmente con esa oración. El secreto de su religión sin paralelo fue esta conciencia de la presencia de Dios; y la alcanzó mediante la oración inteligente y la adoración sincera, la comunión constante con Dios, y no por medio de augurios, voces, visiones, apariciones o raras prácticas religiosas . 2088:5.
Al apropiarnos la fe de Jesús, al creer nosotros como él creía, podremos saborear en nuestra vida humana aquí y ahora las realidades divinas de la eternidad. 1113:6.
 El Maestro Jesús nunca quiso dar un ejemplo personal de vida, sino más bien crear un ideal altamente espiritual e inspirador para todos nosotros los humanos que evolucionamos en los muchos mundos de su universo local. Jesús se convirtió en el nuevo camino viviente por el cual todos los seres humanos podemos alcanzar el destino divino tan sólo con pedirlo como el lo enseñó, por eso decía: pedid y recibiréis. Al hacer la voluntad de Dios (oración-adoración), pidamos con sinceridad a Dios las cosas espirituales que necesitamos para alcanzar nuestro destino divino. Estemos seguros de  que si así lo hacemos, entonces “recibiremos”. 1585:1; 1113:6.
Jesús desea que no nos limitemos únicamente a “creer” sino a “hacer algo” y a “ser alguien”,  que nos mostremos al mundo como  “seres renovados” en sentido espiritual, como hijos de Dios, liberados por la fe.
Nunca en ningún mundo, Dios se volvió una realidad tan viviente como en la experiencia humana de Jesús de Nazaret, nuestro instructor divino. 2087:3.
Todos los hombres que evolucionamos en los diferentes mundos del universo, podemos encontrar en la vida de Jesús, la fuerza y la inspiración para progresar espiritualmente desde los niveles espirituales más bajos hasta los niveles espirituales más altos de  los valores divinos, desde el principio hasta el fin de toda la experiencia religiosa personal. 2092:2.
 Pongamos atención a estas importantes palabras: El Evangelio del Reino está fundado en la “experiencia religiosa personal” de Jesús de Galilea. Jesús fundó la religión de la experiencia personal, haciendo la voluntad de Dios y sirviendo a la  fraternidad humana. 2091:10, 2092:4.
Amados hermanos y hermanas, después de leer y escuchar estas realidades de nuestro Maestro Jesús, debemos saber y comprender que nuestro amado Maestro Jesús no descendió al planeta Urantia (Tierra) sabiendo de antemano todo aquello que él tenía que hacer y decir para realizar la revelación del Padre divino al hombre y la revelación del Evangelio del Reino salvador, no, no fue así, no sucedió de esa manera.
Jesús desde que era niño hasta que se hizo adulto, buscó la unión con su Padre divino, y a través de su experiencia religiosa con la Divinidad al transcurso de los años fue descubriendo en su propia experiencia espiritual con Dios, lo que era necesario para comulgar con Dios, que la fe era el método para lograrla, que el Reino era Dios dentro de él, que los valores divinos estaban en ese Reino espiritual, que su alma se fortalecía con el alimento divino que recibía de su Padre, trayendo inspiración y discernimiento espiritual a su mente, que podía crecer en la gracia y en el conocimiento de la verdad en cada día de comunión con su Padre; que el amor, la verdad, la belleza y la bondad  que recibía de su Padre divino generaban en él muchos frutos espirituales, confirmando que la lealtad y la fidelidad para con su Padre divino iban transformando su condición humana en divina, mejorando su carácter y ampliando su discernimiento espiritual. 
Por la fe misma descubrió una técnica integrada por la oración y la adoración espiritual, por la cual  el hombre descubre a Dios Padre y comulga con él, la verdad divina, los valores espirituales, los logros espirituales para la sobrevivencia del alma, el autodominio de sí mismo, el discernimiento espiritual,  la apropiación de las cualidades de la Divinidad, la sabiduría divina, el amor de Dios para amar al prójimo; el renacimiento desde el espíritu para entrar al reino de Dios y ser uno con él. etc. Muchas cosas más descubrió Jesús con su esfuerzo religioso espiritual y personal, por medio de su fe y amor a Dios.
 Dios Padre le reveló todas estas cosas y más. El Evangelio del Reino es la obra cumbre, humana-divina de todo aquello que Jesús vivió y descubrió en cada año de su vida humana en la unidad con Dios, mediante la fe y el amor.
El Evangelio del Reino de Jesús es en verdad la lucha y la vida espiritual de Jesús, es “el legado experiencial y espiritual” de las vivencias, revelaciones, descubrimientos y logros espirituales que Jesús vivió y conoció en unidad con su Padre Divino, elevando y uniendo su conciencia humana hasta la conciencia de Dios.  
 En su comunión con Dios, descubrió un camino espiritual que todos los hombres que gusten, pueden recorrer para encontrar a Dios y comulgar con él,  logrando alcanzar la vida eterna para su alma. Todas estas realidades y descubrimientos espirituales de Jesús están maravillosamente plasmados en lo que él llamó y llama El Evangelio del Reino que él mismo proclamó. Jesús proclamó lo que él mismo vivió y descubrió en comunión divina con su Padre divino dentro de él. Este Padre es también nuestro Padre y si lo deseamos podemos vivir en nuestra alma la verdad y las sublimes experiencias que Jesús vivió, y obtener logros espirituales reales para la sobrevivencia de nuestra alma en la eternidad.
En verdad amados hermanos y hermanas, la fe mueve las montañas de la ignorancia y la incredulidad. La experiencia religiosa espiritual de Jesús con Dios le llevó a saber que había que tener fe en Dioscreer en él sin verlo y en pedirle al Padre las cosas espirituales necesarias para la sobrevivencia del alma. Es por esto que Jesús nos dijo y nos dice: pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá la puerta del Reino de Dios; porque el que pide recibe, el que busca encuentra y el que llama a la puerta de la salvación se le abre.
Nuestro amadísimo Padre Creador Cristo Miguel-Jesús, efectuó durante su vida humana  una ascensión espiritual  real, realizó una lucha mental y espiritual  verdadera, desde el humilde nivel de su conciencia humana hasta los más altos niveles de la conciencia divina, alcanzando la unión de su mente humana con la mente de su Padre divino. Logró Jesús la autorrealización espiritualizada y ascendió hasta Dios. Jesús nos ha mostrado cómo y en donde caminar en sentido espiritual, él descubrió por sí mismo y con el Padre divino el camino hacia la divinidad para él y para nosotros sus hijos, sólo basta que creamos como el creía en el Padre y lo sigamos a traves de lo que él descubrió y nos enseñó, trayendo para nosotros la autorrealización espiritual humana-divina.
Nuestro Maestro Jesús ascendió al cielo como hombre y como Dios. 2090:2.
 Si nuestro Señor nos entregó su Evangelio del Reino con las enseñanzas y demandas espirituales que contiene para transformar nuestro carácter y conciencia de la mano del Espíritu de Dios, se debe a que todo ser humano hijo de Dios, motivado espiritualmente, puede verdaderamente vivir en su vida humana el Evangelio del Reino que Jesús descubrió y vivió, obteniendo la alegría y las satisfacciones espirituales que Jesús mismo experimentó y disfrutó en la comunión con Dios, su Padre en el cielo, que también es nuestro Padre. Dios nuestro Señor, nunca nos daría algo que nosotros no pudiéramos lograr o cumplir.
 Todo está dispuesto para todos los seres humanos bienamados del Padre Eterno que deseen escuchar y hacer trabajo espiritual, sólo basta poner manos a la obra e iniciar nuestra transformación espiritual de la mano de nuestro espíritu interior (El Padre divino) que tanto nos ama y espera en nosotros con su infinita paciencia, bondad y misericordia.
Eliminemos el punto muerto de la indecisión, venzamos todas las dudas y abandonemos la incredulidad, luchemos de la misma manera como luchó Jesús y finalmente triunfaremos mediante nuestro esfuerzo personal, anclados fuertemente con amor al Padre todopoderoso que nos dió la vida y la oportunidad de vivir eternamente a su lado, amándole y sirviéndole plenamente por toda eternidad.
 Llenemos nuestro corazón de felicidad divina, obtengamos las bendiciones que Dios Padre ha dispuesto para nosotros sus hijos bienamados. Tengamos fe, amor, y valentía, vivamos nuestra vida humana de acuerdo a lo que se nos ha revelado y regalado. Amemos a Dios Padre, a Jesús nuestro Creador, a nuestra Ministra divina y a toda la humanidad que es nuestra hermana; ayudemos con nuestro ejemplo espiritual a despertar a la humanidad entera; glorifiquemos a Dios.
Amados hermanos y hermanas que me escuchan y leen este documento en que recordamos el glorioso nacimiento de nuestro amado Padre Creador Cristo Miguel de Nebadón, les digo lo siguiente: la mayor ofrenda, el regalo más exquisito que podemos entregar hoy y siempre a nuestro amadísimo Padre Creador Cristo Miguel-Jesús, es consagrar cada día nuestra voluntad humana a hacer la voluntad del Padre que está en el cielo.
En este momento de nuestra existencia y con el estudio progresivo de la revelación de Urantia, debemos saber y comprender lo que significa: “Hacer la voluntad del Padre”. Entonces hermanos, manos a la obra, no nos privemos de la recepción del alimento divino en nuestra alma. Que todos recibamos el alimento espiritual para la vida eterna, los nutrientes espirituales que nos asemejan día con día al espíritu divino del Padre Infinito. Tengamos la plena seguridad de que si el Maestro Jesús apareciera en estos instantes de recogimiento espiritual, ante nosotros, nos invitaría diciendo: “Tomad y  comed todos de el, hacedlo vuestro por siempre y para siempre; mi paz os dejo, mi amor os doy eternamente”. Recordemos: “Donde dos o tres se reúnan, ahí también estaré yo”, dice el Señor.
Amados hermanos y hermanas, gracias por escuchar y leer estas realidades sobre la infancia y la fe viviente de Jesús. Que Dios Padre y Jesús nos bendigan e iluminen a todos por nuestra fe y esfuerzo espiritual. Reciban mi amor, mi abrazo fraternal y mis saludos personales. Sinceramente  su hermano Jaime.
 
FUENTE: EL LIBRO DE URANTIA      www.urantia.org/es
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