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 ESCRITO 42 - EL AMOR A DIOS Y LA FE VIVIENTE.

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Celina Maura Nantes
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MensajeTema: Re: ESCRITO 42 - EL AMOR A DIOS Y LA FE VIVIENTE.   Sáb 24 Ene 2009, 12:27

Debemos saber que la presencia en nosotros del amor a Dios y la fe viviente, son importantes e indispensables, 1- porque son la llave para acceder al reino de Dios durante nuestra vida en la tierra; 2- porque el amor y la fe viviente nos abren la puerta al mundo de la divinidad, a la experiencia espiritual autentica, verdadera; 3- porque nos introducen de inmediato en el reino de Dios por nuestra sinceridad y deseo de vivir una vida recta, esforzándonos por hacer la voluntad del Padre y asemejarnos a él; 4- porque nos permiten experimentar la residencia-presencia de Dios en nuestro interior espiritual; 5- porque permiten que Dios se revele en nuestra alma; 6- porque alimentan y mantienen nuestra alma al orientarnos hacia Dios; 7- porque liberan los potenciales espirituales del Ajustador del Pensamiento (chispa divina) en nosotros, esto es el poder espiritual; 8- porque el amor y la fe son esencialmente en nuestra religión personal, lo que la velas son para una embarcación. 1861:9; 1141:5; 1861:2, 3,4; 1139:6,7; 1460:3; 1106:9; 1459:6; 1766:4.

Jesús nos enseñó que la fe no es una carga adicional para nuestra vida, sino más bien, que la fe es un aumento de poder. Las mujeres y hombres que entran al reino de Dios, mediante el poder espiritual y el ejercicio persistente de la fe viviente, entregándose en verdad a la enseñanza del espíritu interior del Padre celestial (Ajustador-chispa divina), llegan hasta Jesús de Nazaret, y más allá, hasta la presencia del Padre Universal en el Paraíso, la fuente de todos los universos, cosas y seres. 1766:4.

La fe viviente es un atributo genuino que surge en nuestra experiencia religiosa personal al contacto con nuestra divinidad interior. La fe viviente es una experiencia real, que tiene que ver con los valores supremos, los significados espirituales, y los ideales divinos, además, es “conocedora de Dios”. El propósito y meta de la verdadera religión personal es que conozcamos a Dios en nuestra vida humana y que nos asemejemos a él de manera gradual, pues de esta forma nos volvemos hijos perpetuos de nuestro Padre eterno. El único camino por el que podemos descubrir o encontrar a Dios dentro de nosotros, es el camino de la experiencia religiosa y el ejercicio regular de la fe viviente. Recordemos el refrán citado por Jesús: “El que no trabaja no come”. 1114:5,6; 1116:5.

La verdadera experiencia religiosa tiene lugar en nosotros cuando manifestamos una actitud positiva de amor a Dios y de fe viviente hacia los dominios de la divinidad que mora en nosotros. Solo por la fe viviente podemos volvernos divinamente conscientes de Dios y nacer del espíritu como hijos de la luz y de la vida, de la misma vida eterna con la que ascenderemos los universos. Jesús vino a fomentar la fe viviente en nosotros, para que alcanzáramos la libertad espiritual, la verdad y la vida eterna para nuestra alma, conservando de esta manera la conciencia de vida, comiendo el pan (valores divinos) que desciende de Dios, al cual nos referimos en este escrito. 1141:3; 2052:3; 1710:4.

Por otro lado, los reveladores celestiales nos enseñan que lo eclesiástico es, ahora y por siempre, incompatible con esta fe viviente y crecimiento espiritual. Que el deseo bien intencionado de preservar las tradiciones de los logros del pasado, conduce frecuentemente a defender unos sistemas de adoración obsoletos. Esta situación impide el patrocinio eficaz de nuevos medios y métodos adecuados (enseñanzas de Jesús), destinados para dar satisfacción a los anhelos espirituales de las mentes humanas en expansión y progreso de los hombres modernos. 2084:8.

Jesús dijo cierta vez: “Yo soy el pan de la vida”. “En cuanto a este pan que desciende de Dios, si un hombre lo come, nunca morirá en espíritu. Repito que Yo soy este pan viviente, y toda alma que consiga obtener esta naturaleza unida de Dios y hombre vivirá para siempre. Este pan de vida que doy a todos los que quieran recibirlo es mi propia naturaleza viviente y combinada. El Padre está en el Hijo y el Hijo es uno con el Padre—esta es mi revelación dadora de vida al mundo y mi regalo de salvación para todas las naciones.” 1711:4.

Es importante tener presente que el pan viviente o los valores divinos los encontramos en los niveles divinos del mundo espiritual, cuando establecemos conexión o alianza espiritual con nuestro espíritu divino (Ajustador) mediante el contacto adorador, por medio de la mente y el alma; esta es la autentica religión del espíritu, que nos deja libres para seguir la verdad dondequiera que nos lleven las directrices de nuestro espíritu interior; y esta verdad, nos dice Jesús, sólo existe en los niveles espirituales superiores de la comprensión de la divinidad y de la conciencia de la comunión con Dios. La verdad divina es una realidad viviente que goza de una existencia experiencial en nuestra mente humana.1731:3; 1949:4Cito textualmente una enseñanza de la revelación: La meditación pone en contacto a la mente con el espíritu; la relajación determina la capacidad para la receptividad espiritual (verdad-valores divinos) 1777:2. Una relajación adecuada nos permitirá reconocer las verdades espirituales (valores divinos) que en ese momento nuestro espíritu vierte en nuestra alma, como alimento para nuestra espiritualización. Jesús nos enseña que la religión del espíritu consiste en una revelación progresiva de las verdades o valores divinos, que nos permiten obtener realidades eternas e ideales espirituales más santos y elevados. 1731:2 Estas son enseñanzas de Jesús de Nazaret y de los Reveladores celestiales para la espiritualización y supervivencia de nuestra alma humana.

Jesús nos enseñó que el mayor descubrimiento posible que nuestra alma humana puede realizar, es: la experiencia celeste de encontrar a Dios en nosotros mismos, por nosotros mismos y para nosotros mismos, como un hecho de nuestra propia experiencia personal. 1731:1 Este logro espiritual realizado por nosotros se deberá a nuestro gran amor y fe viviente que entregamos de todo corazón a nuestro Padre Altísimo que en nosotros mora.

Resumiendo, podemos decir que la presencia combinada del Amor a Dios y La Fe Viviente en nuestra experiencia religiosa personal traerán para nosotros la donación de los valores divinos o pan viviente a nuestra alma; sabiendo que estos valores espirituales son la realización de la conciencia de Dios en nosotros mismos. Recibiendo así una mayor revelación de la verdad, una mayor apreciación de la belleza y un concepto aumentado de la bondad de Dios. De esta manera nuestra alma es guiada y espiritualizada por el Ajustador del Pensamiento, realizando un crecimiento espiritual autentico, alcanzando la verdadera libertad espiritual del alma, en la que nuestra mente humana se unifica cada vez más con la mente divina de nuestro Ajustador del Pensamiento, diciendo: “Padre, es mi voluntad que se haga tu voluntad”.

Amados lectores y amigos, gracias por la atención dedicada a la lectura de este escrito. Que el amor a Dios y la fe viviente sean una realidad viva en nuestras vidas, conduciéndonos a la inmortalidad por merecimiento y por la gracia divina de nuestro Padre celestial. Sinceramente, su hermano Jaime.



NOTA: Este trabajo usa citas procedentes de El libro de Urantia, ©️ 1993 que es la traducción al español de The Urantia Book, ©️ 1955 Urantia Foundation, 533 Diversey Parkway, Chicago, Illinois 60614, EE.UU; +1 (773) 525-3319; http://www.urantia.org/spanish ; todos los derechos reservados. Los puntos de vista expresados en este trabajo son del autor y no representan necesariamente los puntos de vista de la Fundación Urantia o de sus filiales.
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Celina Maura Nantes
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MensajeTema: ESCRITO 42 - EL AMOR A DIOS Y LA FE VIVIENTE.   Sáb 24 Ene 2009, 12:22

DE: JAIME DÍAZ PAGE (MEXICO)
NOVIEMBRE 2006

ESCRITO 42

EL AMOR A DIOS Y LA FE VIVIENTE

Amados hermanos estudiantes de la Revelación del Libro de Urantia, los saludo e invito a considerar el Amor a Dios y la Fe Viviente, para el éxito de nuestra búsqueda espiritual de las verdades divinas y eternas, que nos traerán la vida eterna para nuestra alma. Jesús nos enseña a buscar la verdad en nuestro mundo espiritual interior.

Debemos saber que nuestro Padre en el cielo nunca deja que nosotros, sus hijos creados, crezcamos al azar en lo que se refiere a la religión. Él desea que todos nosotros nos encontremos en unidad con él; y para esta finalidad ha dispuesto que recibamos la enseñanza espiritual que nos conduce a él, por medio de sus Hijos divinos o por la Revelación divina escrita. En ambos casos recibimos “los conocimientos e instrucciones espirituales necesarios” para que aplicándolos en nosotros, hagamos surgir la religión dinámica de la experiencia espiritual personal en unidad con nuestro Ajustador residente, vinculándonos a él por toda eternidad.

La Revelación escrita nos dice que Jesús de Nazaret vino a Urantia para crear en nosotros un nuevo espíritu y una nueva voluntad, para conferirnos una nueva capacidad para conocer la verdad y experimentar la compasión, eligiendo la bondad, la voluntad de estar en armonía con la voluntad de Dios, unida al impulso eterno de volvernos perfectos, así como el Padre en los cielos es perfecto. Como podemos notar, el Señor nos guía e instruye amorosa y cuidadosamente, llevándonos de la mano. 1583:6

Recordemos que la religión no es una técnica para alcanzar una paz dichosa y estática, no, la religión debe ser un impulso que nos conduzca a organizar nuestra alma, alineando toda nuestra personalidad para servir dinámicamente a Dios y a la humanidad. Esta organización personal en cada uno de nosotros, fomenta la experiencia y el crecimiento de los valores y significados divinos de la verdad, la belleza y la bondad. Todo esto, unificado por nosotros, equivale a la experiencia de la conciencia de Dios. Al lograr este tipo de experiencia espiritual, nos estaremos convirtiendo en sobrehumanos, nuestra alma se encontrará avanzando por el camino correcto, y evolucionando hacia las esferas superiores y sorprendentes de los universos. 1096:6.

El acto supremo que podemos realizar en nuestra vida humana, es hacer crecer en nosotros los valores de la verdad, la belleza y la bondad divinos, porque es de esta manera que el Amor de Dios crece en nosotros mediante el culto adorador (oración-adoración) a nuestra divinidad interior personal. Debemos recordar que la religión es la experiencia real y no imaginaria de la divinidad en nuestra propia conciencia, en nuestra alma que se espiritualiza por el acrecentamiento de los valores divinos recibidos en la experiencia espiritual, haciendo surgir en nosotros el discernimiento espiritual. Este discernimiento religioso, tiene el poder de transformar nuestras derrotas en deseos superiores y nuevas determinaciones, que nos permiten seguir avanzando en nuestra vida espiritual y humana. El Amor es el mayor motivador que tenemos para ascender en el universo; pero este amor no debe estar carente de los valores divinos de la verdad, la belleza y la bondad, pues de esta manera nuestro amor sería un mero sentimiento, una ilusión mental, un verdadero engaño espiritual. Es por el Amor y la Gracia divinos que somos verdaderamente transformados desde lo humano hasta lo divino. 1097:3.

Dios responde a nuestras sinceras oraciones de fe, dándonos una mayor revelación de la verdad, una enaltecida apreciación de la belleza y un concepto aumentado de la bondad. Nuestra oración personal es el estímulo más poderoso para el crecimiento espiritual. La oración nos pone en contacto con la divinidad en los niveles espirituales de nuestra experiencia religiosa personal. 1002:3.

La tarea de nuestra vida religiosa consiste en unificar los poderes de nuestra alma y personalidad, mediante el dominio del AMOR, del amor que damos a nuestro Padre celestial y el amor que recibimos de ÉL.La salud física, la salud mental y la felicidad, son el resultado de la unificación de nuestros sistemas físicos, mentales y espirituales. Entendemos sobre la salud y la cordura, pero comprendemos poco acerca de la felicidad. La felicidad más elevada está perennemente vinculada al crecimiento espiritual, pues este crecimiento produce en nosotros un deleite verdadero y duradero y una paz que está más allá de nuestra comprensión humana. En la vida física, nuestros sentidos perciben la existencia de las cosas, nuestra mente descubre la realidad de los significados, y la experiencia espiritual personal nos revela los verdaderos valores de la vida. Podemos alcanzar los altos niveles de vida humana, en el amor supremo de Dios, y en el amor altruista del hombre. 1097:7; 1098:1.

Jesús nos enseñó que Dios Padre vive en nuestro interior mental, que en verdad las realidades divinas moran en nosotros, y que aunque Dios no es visible para nosotros, por medio de la fe en la experiencia religiosa personal podemos confirmar diariamente su presencia dentro de nosotros. Jesús dijo que la única batalla que tenemos que dar es contra la duda, contra la incredulidad. Nos enseñó que muchos hombres mueren en el mundo buscando a Dios, sin darse cuenta que Él vive dentro de ellos. Mediante el ejercicio dinámico de la fe, creyendo vivamente con amor, conoceremos a Dios y su verdad divina en nuestro interior. Dios vive en las mentes normales de todos los hombres. Dios Padre es alcanzable por nuestra fe viva. 1766:4.

Cuando Jesús decía: “El pan y el agua de la vida sólo se conceden a los que tienen hambre por la verdad y sed de la rectitud de Dios”, hablaba en realidad de los valores y significados divinos que por la fe encontramos en la experiencia espiritual personal, siendo éstos los que realizan el crecimiento y la perspicacia espiritual en nosotros. Los valores divinos son proyecciones espirituales de nuestro Ajustador del Pensamiento, y estos sólo podemos discernirlos naciendo del espíritu y por medio del ojo de la fe viviente, que debemos poseer como el instrumento espiritual que nos permite avanzar hacia arriba y hacia dentro, hasta el Paraíso, hasta Dios. Cierta vez Jesús citó un viejo refrán hebreo que él aprobó y que está directamente relacionado con sus enseñanzas, con los temas que estamos tratando aquí: “El que no trabaja no come” 1579:4; esto debe entenderse en términos espirituales. 2054:3; 2078:7,8.

El crecimiento espiritual que obtenemos mediante los valores divinos de la experiencia religiosa, no depende de nuestros abundantes conocimientos, sino más bien de: EL AMOR Y LA FE VIVIENTE que ofrecemos con respeto, sinceridad, confianza y devoción de todo corazón a nuestro Padre celestial; es la clave para el crecimiento y la sobrevivencia.

Para el éxito en nuestra experiencia espiritual, Jesús insistió mucho en la relación Padre-hijo, para que como sus hijos pudiéramos ser conducidos con verdadera dicha a la adoración libre, excelsa y sublime de un Dios Padre, amante, justo y misericordioso. El amor a Dios y el amor de Dios unificados, nos conducen siempre a una adoración inteligente y sincera a nuestro Padre celestial. Jesús nos entregó un nuevo y superior mandamiento: “Amad a Dios y aprended a hacer su voluntad”. Jesús dijo que este era el privilegio más elevado de los hijos de Dios liberados. Que como hijos de Dios, debemos desarrollar nuestro amor por el Padre que está en el cielo, y que mora en nuestro interior mental y espiritual. 1675:3,5; 1676:1.

Jesús nos enseñó que debemos aprender a reverenciar a Dios como Creador, a honrarlo como el Padre de nuestra juventud espiritual, a amarlo como un defensor misericordioso, y finalmente a adorarlo como Padre amoroso y omnisapiente, en nuestra comprensión espiritual más madura. Estas y otras cosas enseñó Jesús para enfatizar el valor de la sinceridad y la perfecta confianza en el apoyo amante y la guía fiel de nuestro Padre Celestial. Por ello es que Jesús se refirió con tanta frecuencia a los niños pequeños para ilustrar la actitud mental que debemos tener para poder acceder a las realidades espirituales del reino del cielo. Que así como un niño pequeño cree y confía totalmente en su padre humano, de manera semejante debemos acercarnos a venerar, honrar y adorar a nuestro Padre que está en el cielo. Nuestra fe viviente hacia Dios debe estar imbuida de la simpleza espiritual de los niños pequeños que creen fácilmente y que confían plenamente; no se refería Jesús a la inmadurez mental de los niños sino más bien a la “ingenuidad espiritual” de los pequeños que creen y confían plenamente. Debemos mostrar una actitud abierta y sin temor hacia Dios que es amor, sabiduría, bondad y misericordia. Además, nos dijo Jesús que debemos entrar en al reino libres de prejuicios e ideas preconcebidas; así como estar dispuestos a aprender las cosas espirituales como niños no mimados, confiando en la sabiduría, asistencia y guía de nuestro Padre celestial que mora en nosotros. ¡Tengamos buen ánimo! 1676:1, 2,5; 1732:5; 1861: 3.
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